Revista Figura Fondo

 

Revista Figura Fondo # 12


Este año se cumple el Centenario del nacimiento de Carl R. Rogers (1902-1987). Es una fecha importante para todos los que estamos en las filas de la Psicología Humanista, porque Rogers es el principal impulsor de varios de sus los principios fundamentales, entre los cuales destacan: que la relación para la ayuda es necesariamente una relación entre iguales; que cada persona tiene las potencialidades para crear su propio destino; que el respeto y la consideración que deben existir entre las personas, es incuestionable; que la honestidad y la autenticidad en la relación humana, y en la relación con uno mismo, está por encima de cualquier valor; y que nada sustituye a la propia experiencia de la persona como brújula de su verdad.

Rogers sustenta con una humildad que lo engrandece, que hay tantas percepciones de la realidad como gente, y que el respeto a esa diversidad es el principio para una verdadera convivencia entre los hombres y mujeres de este planeta.

El paradigma de Rogers es el amor hacia el otro y hacia uno mismo. Me refiero al verdadero amor, al que se fundamenta en el reconocimiento de que el prójimo es digno y respetable por el hecho de existir, como yo.  Y que este reconocimiento está por encima de las diferencias que cada uno de nosotros tenemos.  A través de él hemos aprendido a ver, sentir y penetrar en la unicidad de nuestros semejantes. Es él quien nos ha enseñado a entrar al “mundo del otro”,  dejando en la puerta nuestros juicios, para así comprender quién es ese “otro”, qué necesita, por qué y para qué hace lo que hace. Sin Rogers nos sería muy difícil estar en la profesión de ayuda, porque para ayudar tenemos que vivir el momento del encuentro “como si fuéramos nuestro cliente”, pero tan auténtica e intensamente, que podamos sentir lo que siente, pensar lo que piensa y sufrir lo que sufre; todo esto sin perdernos o fundirnos en el intento. No es nada fácil, pero es lo que hay que intentar siempre, una y otra y otra vez...

Rogers es, además, la maravillosa amalgama de lo occidental y de lo oriental, de lo espiritual y de lo científico, del coraje sin límites para defender sus ideas y de la humildad para reconocer sus fracasos. Del reconocimiento de que no existen las verdades únicas ni finales; que todo está siempre en proceso de cambio; que la certeza absoluta no es de nuestro reino. Pocos como él han incursionado en tan diversos campos y con tantos alcances. En la filosofía y en la ciencia, en la psicoterapia y en la educación; en la ayuda individual y grupal.

Con  su sabiduría a cuestas, llega hasta la política, intentando humanizarla. Estos son algunos desordenados e incompletos logros de este maestro.  Estamos seguros que el ejercicio de nuestra profesión no sería lo mismo si Carl Rogers no hubiera existido, como estamos seguros también que para intentar ser un buen terapeuta humanista, y un buen gestaltista, el aprendizaje de sus enseñanzas es fundamental. 

Para terminar quisiera utilizar frases de Rogers, aparecidas en su libro “El Proceso de Convertirse en Persona”.  Creo que su testimonio nos sirve para expresar lo que es la psicoterapia humanista:

La psicoterapia se refiere al sufrimiento y a la esperanza, a la ansiedad y a la satisfacción que llenan el consultorio de cada terapeuta... a la unicidad de la relación que establezco con cada cliente, e igualmente a los elementos comunes que descubrirnos en todas estas relaciones.

... a ese cliente que en mi consultorio se sienta en un extremo del escritorio, luchando por ser él mismo, y sin embargo mortalmente temeroso de serlo... a mi mismo, sentado ahí ante ese paciente cara a cara y participando de su lucha con toda la sensibilidad y profundidad de que soy capaz. 

... a mi esfuerzo por percibir su experiencia y el significado, el sentido, el sabor que tiene para él. 

Se refiere a mí en la medida en que deploro mi falibilidad humana en la comprensión de ese cliente, y mis fracasos ocasionales en ver la vida tal como aparece para él, fracasos que caen pesadamente sobre la intrincada, delicada trama de su crecimiento.

La psicoterapia son también los momentos en que disfruto del privilegio de traer al mundo una nueva personalidad; cuando me aparto con respeto ante la emergencia de un yo de una persona; cuando observo el proceso de un nacimiento en el que he desempeñado un papel importante y facilitador.
Se refiere tanto al paciente como a mí en tanto observamos maravillados las fuerzas potentes y armónicas que se manifiestan en esta experiencia total,



ÍNDICE

CÓMO PENSAR EL CAMPO EN LA CLÍNICA GESTALTISTA
Sylvie Schoch de Neuforn

EL PERFECCIONISMO COMO VENENO DEL CRECIMIENTO
Ricardo Peter

¿QUIÉN SOY? EL SÍ MISMO ESTRUCTURA-PROCESO EN EL ÁMBITO DE LA EXPANSIÓN DE LA CONCIENCIA
Teresa Expósito R.

TERAPIA FAMILIAR Y GESTALT
Mireya M. Gómez Coronel

USO DEL "HUMOR" COMO RECURSO PARA LA PSICOTERAPIA
Carmen Castañeda Ramos

ELECCIÓN DE AMOR
Noemí Armas Tejeda

LAS ACTITUDES DEL TERAPEUTA Y LA METODOLOGIA GESTALT, UN VALOR AGREGADO EN EL CASO DIANA
José Manuel Rejón C.

LA AUTOEXIGENCIA COMO GENERADOR DE ESTRÉS, ANGUSTIA Y VACÍO EXISTENCIAL
Jenny Cohen Asse

CICATRIZANDO LA HERIDA
María Mabel Padro

TESTIMONIOS
PORQUE LA MAGIA ESTÁ EN TODAS PARTES...
Gabriela Reyes
CONGRESO DE GESTALT EN MÉXICO
Mónica Schapira

RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

 
 
www.gestalthumanista.com